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Disfrutando de la Playa

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lunes, 29 de agosto de 2011

Género, Discapacidad y Sexualidad: Mitos, tabúes y prejuicios en el siglo XXI

CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE DISCAPACIDAD.
DOMO DEL CENTENARIO. RESISTENCIA, CHACO.

“El derecho a Amar y a ser Amados/as”

Autora: Silvia Mirta Valori.

Presentación:

Los mitos son creaciones culturales. Establecen un sistema de creencias que se expresa en pensamientos y conductas (1)
El término “tabú” define aquello que, aunque no está expresamente prohibido, no está permitido. Puede ser por una razón justificada o injustificable.
Prejuicio es la actitud hostil o negativa hacia personas o a un grupo basada en las generalizaciones derivadas de información errónea o incompleta.
Es necesario analizar y comprender estos términos para analizar y darse cuenta como la mezcla perniciosa de todos ellos ha dado como resultado la marginación y la segregación de las personas con discapacidad y especialmente, en lo que se refiere al derecho a ser amados y amar, a disfrutar de la sexualidad, a formar una familia y a tener hijos/as.

Desarrollo:

El género es un paradigma cultural mediante el cuál se define qué puede/debe y qué no puede/debe hacer una persona de acuerdo a si tiene un cuerpo “de hombre” o un cuerpo “de mujer”, es decir, si nació con genitales masculinos o si nació con genitales femeninos.
Todos y Todas estamos sometidas/os desde niños/as a la socialización que se inicia en las familias, continua en las iglesias y en las escuelas, en el club y en las fiestas sociales y se asienta día tras día con los medios de comunicación.
Cada sociedad, ajustándose a las costumbres especifica “esto puedes/debes” o “esto no puedes/debes”, según tu DNI determine que eres varón o que eres mujer, y así se siembran en la mente de las personas infinidad de restricciones y de condicionamientos.
Somos educados/as para pensar cómo y qué se debe pensar, para que nos guste lo que le gusta a la mayoría, para que no seamos independientes, ni libre pensadores/as, para “seguir al rebaño” y para no tener originalidad ni iniciativa. Se educa a los niños y niñas, aún hoy, en un paradigma de homogeneidad, pretendiendo con ello que todas y todos aprendan de manera similar y asimilen contenidos de forma autómata, sin razonamientos ni cuestionamientos. No se enseña a reflexionar, y salvo valiosas excepciones, se habla muy poco del pensamiento creativo y del poder que tienen nuestros pensamientos.
Las personas no somos homogéneas, así como tampoco lo son los grupos humanos. No somos clones unas de otras. Cada quién tiene características propias, tan respetables las de los unos/as como las de las otras/os.
Las relaciones entre los géneros todavía hoy, establecen jerarquías donde los varones adoptan una posición dominante y las mujeres una posición subordinada, relaciones en las cuáles las prácticas y los proyectos femeninos son negativizados y desvalorizados.
La perspectiva de género es una herramienta que nos permite analizar y comprender estas asimetrías e inequidades para modificarlas y poder llegar a convivir en armonía, dentro de una sociedad donde prime el respeto por los valores y por los derechos y el cumplimiento de las obligaciones.
La definición a la que se ha llegado de la palabra “discapacidad” es: “la interacción que se da entre una persona que tiene una determinada condición de salud, las barreras del entorno y las ayudas técnicas a las que tiene acceso”, por lo tanto, la “discapacidad” se ubica en el exterior de las personas, no como venía sucediendo hasta hace unos años atrás. Entiendo que es una definición bastante acertada, por que no es lo mismo tener discapacidad y usar una silla de ruedas de última generación (por ejemplo, para el caso de una persona con movilidad reducida), disponer de otra silla de ruedas con motor, de otra para bañarse, de un automóvil adaptado, de un/a asistente personal y vivir en la ciudad, con asfalto en las calles, veredas con rampas y edificios accesibles, que tener movilidad reducida y no contar con sillas de ruedas, ni con automóvil, ni con asistente, ni con rampas ni calles de asfalto o vivir en el campo.
De cualquier forma, y aunque comparto esta definición, prefiero definir a la discapacidad o hablar de discapacidad como lo que representa para mí: una manera o una forma más de vivir sin que esta manera o forma de vivir implique ni angustia ni sufrimiento.
Quiero y deseo dejar en claro que:
La discapacidad no es una enfermedad. La discapacidad no implica sufrimiento ni angustia constante. La discapacidad se encuentra en el exterior de las y los individuos y se puede traducir en barreras: barreras físicas, actitudinales, arquitectónicas, intelectuales, comunicacionales, simbólicas, mentales que existen y limitan la participación y que impiden a las personas llevar una vida activa.
Las sociedades se han ido formando dentro de un concepto de “normalidad” que fue establecido en el siglo XIX y al que nos seguimos ajustando. Las “normas” fueron establecidas por hombres, masculinos, blancos, europeos, de mediana edad y sin discapacidades.
Aún hoy, y para muchas personas, la discapacidad consiste en la imposibilidad de ver, de oír, de entender, de comprender, de caminar, etc. Si analizamos bien, la discapacidad no tiene nada que ver con todo esto. Lo que realmente implica tener discapacidad todavía hoy, y aún con los adelantos, normas y convenciones que tenemos y a las que hemos adherido, es No Poder, No Acceder y No Tener: no poder participar en igualdad de condiciones, no acceder a un empleo digno, no tener pareja, no poder salir, no poder andar libremente por la ciudad, no poder viajar, no tener vivienda y tantas otras carencias que poseen hoy día las personas que tienen una discapacidad por el sólo hecho de tenerla, por el sólo hecho de andar, hacer, moverse, mirar, ver, escuchar, comprender, entender, hablar de manera diferente.
La discapacidad es, según mi entender, la incapacidad de acceder a todas estas cosas antes mencionadas y, por lo tanto, a vivir una vida digna y plena, debido al cuerpo que se tiene: dentro del paradigma actual, cuanto más nos acercamos a la “normalidad” más derechos vamos adquiriendo.
Y escribí “paradigma actual” por que ya hace varios años (precisamente desde el 2003, al menos en Argentina) que venimos HABLANDO de un cambio de paradigmas, un cambio que nos llevará a darnos cuenta, a observar que las barreras están en el entorno y en las personas, y no dentro de las personas que tienen diversidades funcionales. Y que estas barreras son muchas, y que las derribemos más temprano que tarde, depende también de cada una/o de nosotras/as, del compromiso que asuma cada integrante de la sociedad.
Las personas con discapacidad tienen, entre tantos derechos que no son respetados, derecho a vivir su sexualidad y a expresarla de todas las maneras posibles. Tienen derecho a la intimidad, a amar y a ser amadas/os. Y a que se respete su preferencia sexual.
La sexualidad es una de las formas que tenemos de relacionarnos con el mundo. En el año 2000 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) definieron “El término “sexualidad” se refiere a una dimensión fundamental del hecho de ser humano (…) Se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales (…) En resumen, la sexualidad se practica y se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos” (2)
Sexualidad implica mucho más que genitalidad y relación sexual. Se encuentra estrechamente ligada con lo emocional y afectivo, con el respeto y con el cuidado. También se relaciona con ideas y preconceptos muy arraigados y estereotipados que tenemos y que se han ido formando e introduciendo en nuestras prácticas y costumbres mediante la socialización. En el imaginario colectivo ni siquiera se concibe que las personas con discapacidad tengan sexo.
Y puedo citar varios ejemplos, de lo escrito anteriormente:
Hace un tiempo atrás, salió una Nota en un diario muy conocido sobre un muchacho que usa bastones canadienses y da charlas sobre HIV – Sida. Y él cuenta allí que, generalmente, es interrogado sobre cómo lo adquirió, es decir, cómo se infectó con el HIV y comenta que la mayoría de las personas que concurren a sus charlas hace esta pregunta por que presuponen que no ha tenido ni tiene relaciones sexuales.
Otro caso, una chica ciega nos contaba que, estando embarazada subió a un colectivo y que la señora que viajaba a su lado le preguntó: “¿quién te hizo esto?” en alusión a su embarazo, a su panza crecida, como si ella (la chica ciega) no hubiera participado, ni estado de acuerdo.
Una chica jovencita, también ciega, nos refirió hace un tiempo que estando ella en una plaza, pasó caminando delante de dos adolescentes, uno de ellos le dijo un piropo, y el otro muchacho, que estaba al lado le hizo el siguiente comentario a su amigo: “che, que es ciega”.
Estando un día dictando el Taller sobre Género y discapacidad en una Provincia del interior, dije que la mayoría de las mujeres sin discapacidad creen que las mujeres con discapacidad no tenemos sexo y, por lo tanto, no representamos “un peligro” para ellas, en alusión a que sus novios, esposos, no nos mirarán como mujeres y tampoco tendrán ganas de salir con nosotras.
Y una de las presentes, una chica joven, me respondió que así es, que ella tiene (o había tenido) un romance con relaciones sexuales incluidas con el esposo de una señora y que esta ni siquiera se lo imaginaba, por lo tanto, salían en el auto juntos, y la señora (esposa) le pedía a él que la llevara a la casa en el auto a la chica con discapacidad, y lo hacía, justamente, por que no creía que pudiera pueda pasar nada entre ellos dos. No voy a juzgar la conducta ni de la amiga de la señora, ni del esposo, lo que quiero dejar en evidencia es que para las mujeres sin discapacidad, las mujeres con discapacidad son “medio mujeres” o “no mujeres”. Siempre niñas. Siempre infantes. Siempre ángeles.

Sexualidad tiene que ver, también, con el respeto por el cuerpo, por el propio y el de los otros y otras. Con la empatía que puedo o no demostrar y sentir. Con la confianza, con la auto confianza – o autoestima-. Con la amistad. Con la solidaridad. Con el sentido de pertenencia. Con el cuidado, el auto cuidado y la intimidad. Con el saber y conocer cómo quererse, cómo respetarse, cómo valorarse. Con el respetar a los y las demás. Con el saber quererlos/as, valorarlos/as y cuidarlos/as. Con la certeza y el conocimiento de que todos somos seres sexuados, desde que nacemos hasta que nos vamos. Y esto va mucho más allá de aspectos físicos, de edades, de género, de culturas, y/o de etnias. Sexualidad es (o tendría que ser) disfrute y placer, alegría y goce. Y para todo el mundo por igual. Sin distinciones. Sin discriminaciones. Naturalmente, por que estimo que es, claramente, “natural” pero que han “desnaturalizado” mediante la educación, las prácticas y las costumbres. Y tendríamos que tomar la sexualidad, nuestra sexualidad y verla, sentirla, vivirla, practicarla con la misma naturalidad con la que solemos comer, bañamos, dormir.
Sexualidad es, también, amor incondicional. Sin condiciones. ES mucho más que el amor-pasión, es Amor a mí mismo/a y es Amor a todas las personas.
La Sexualidad es una sola, es sexualidad humana, tal cómo se lo deja bien aclarado en el Blog de Mitología de la Sexualidad especial.
Hablar de sexualidad, de género, de discapacidad dentro del respeto al hogar y a la familia me debe remitir a los Artículos de la Convención sobre los Derechos de las personas con discapacidad: Al Artículo 6 – Mujeres con discapacidad; al Artículo 8 – Toma de conciencia; al Artículo 19 – Derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido/a en la comunidad y al Artículo 23 – Respeto del hogar y de la familia y si leemos tales artículos podemos darnos cuenta que hoy, y ya en pleno siglo XXI, debemos, tenemos, necesitamos implementar el cambio de paradigmas en discapacidad para que las personas que la tienen no sigan siendo discriminadas, segregadas, subvaloradas, para que puedan formar una familia, tener hijos/as, los/as que deseen dentro de un marco de respeto a la intimidad y acceso a la información en formatos accesibles y con discursos y textos acordes al nivel de comprensión de cada uno/a. Para que las personas con diversidad funcional no sigan siendo infantilizadas ni consideradas ángeles, así como tampoco demonios y mucho menos que “Dios los castigó” “por eso están así”.
Terrible, fuerte y estigmatizante pensamiento que hemos heredado de las religiones y que es preciso desterrar.
Creo, como mujer y como persona con discapacidad que vive de manera independiente, que estuve casi 30 años casada, que tengo un hijo y una nieta, simbolizar, significar, representar cabalmente lo que he escrito y por eso es que, con más énfasis aún, solicito, pido, exhorto, impulso a todas las personas, con y sin discapacidad a colaborar para que quiénes lo deseen puedan vivir dentro de un modelo de autonomía y respeto por la intimidad, por el amor, por la sexualidad, por los proyectos y por las prácticas de todas las personas que tienen diversidades funcionales por que, al fin y al cabo, SON SUS VIDAS, SON SUS CUERPOS, SON NUESTRAS VIDAS, SON NUESTROS CUERPOS.


Que así sea depende también de cada uno de nosotros y de nosotras. De cada uno y de cada una de Ustedes que representan, en definitiva a la Sociedad. Y son quiénes pueden colaborar para instalar este cambio de paradigma.

Muchas gracias!


Fuentes consultadas:

(1) Cuadernillo de Género y Discapacidad. Serie Cuadernillos del Consejo Nacional de la Mujer - Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, elaborado por el Equipo Interinstitucional de Género y Discapacidad.

(2) Educación Sexual integral para la Educación Secundaria. Serie Cuadernillos de ESI, Pag. 11, “A qué llamamos sexualidad”:
“Reunión de Consulta sobre Salud Sexual, convocada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en colaboración con la Asociación Mundial para la Salud Sexual, que se realizó del 19 al 22 de Mayo de 2000 en Antigua, Guatemala”.

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